-¿Cuál es tu voto? Pregunta Bernardo sonriendo como si supiera exactamente lo que Daniela va a decir.

A los ojos de Daniela parece que el tiempo se hiciera más lento, mil cosas pasan por su cabeza; está pasando de nuevo, justo como las veces anteriores, ella sabe lo que tiene que decir y también sabe lo que quiere decir. Su corazón se acelera, puede sentir sus latidos en todo su cuerpo. Ella sabe lo que todos esperan que diga.

Los miembros de la junta bajan sus plumas y dejan sus apuntes a un lado como si la reunión ya estuviera decidida. Se escucha una respiración profunda en la sala.

No. Dice Daniela con voz baja y la mirada al piso.

-¿Disculpa? ¿Qué dijiste? Dice Bernardo con una sonrisa nerviosa en su cara, como si hubiera malentendido la respuesta.

No. Daniela repite con firmeza.

¿No? La sorpresa e incomodidad es visible en la cara de Bernardo.

Eso dije. No. Dice Daniela con la cara en alto.

La sala queda en silencio por unos segundos, los demás miembros de la junta están asombrados por la respuesta de Daniela, todos se miran entre ellos con disimulo hasta que uno de los miembros de la junta rompe el silencio y dice:

-sietes síes ocho nos, los no ganan, la petición es rechazada.

La reunión termina, Daniela ha hecho algo antes impensable para ella, tomar una decisión que sentía correcta, expresarla en público y defenderla aún en contra de los deseos de Bernardo, su jefe, quien además es también su padre.

Daniela permanece sentada en la meza de juntas mientras todos salen de la sala, sus manos se sienten frías y temblorosas, está repasando lo que paso en su mente hace unos minutos. Esta vez fue diferente, esta vez su voz fue más fuerte que las opiniones externas, hoy fue ella quien decidió. Hoy ella decide ser quien tiene el poder de decidir con base a l que sabe y siente. Daniela decidió retomar su poder.

A simple vista esta situación puede parecer sencilla o trivial, sin embargo, para entender lo vital que fue esto para Daniela es importante tener algo de contexto sobre ella.

Daniela es una contadora pública de 31 años, casada hace 5 con su único novio con el que esta desde los 15 años. Esta mujer creció en un hogar en donde el dinero no ha sido el problema ya que su padre es dueño de un pequeño grupo empresarial que le permitió brindarle buenas comodidades en su hogar. Su padre, siendo el proveedor que es, siempre fue la figura de autoridad intocable en el hogar y su palabra estaba por encima de la de cualquiera en la casa. Su palabra era orden.

Ella creció teniendo poco poder sobre sus decisiones. Su carrera, donde vive, su pareja, lo que hace, donde trabaja, como trabaja han sido decisiones de alguien más. Hoy a sus 31 años la palabra de su padre, con quien trabaja como contadora, aún tiene mucha influencia sobre sus acciones.

Daniela siente que su trabajo como persona es la de complacer a sus figuras de autoridad, tanto así, que en muchas ocasiones pasa por encima de sus propios deseos para lograr la aceptación de otros y evitar entrar en conflictos.

Este caso es muy común en nuestra cultura, hemos sido condicionados a que ser buenos implica hacer lo que se nos dice sin entrar en conflictos o expresar lo que realmente queremos, esto sin duda alguna nos lleva en algún punto de nuestras vidas a tener la lucha interna entre manejar la culpa hacer lo que sabemos que queremos o aceptar el “guayabo” emocional como consecuencia de renunciar a nuestro poder por complacer a otros.

Muchos de nosotros unimos nuestro sentido de valor con el de la aceptación, como especie buscamos ser aceptados, eso es normal, sin embargo, en muchas ocasiones buscamos ser aceptados por personas o grupos que en poco o nada sirven nuestros intereses como individuos y estancan nuestro crecimiento, ya que mucho de nuestro tiempo lo pasamos complaciendo a otros y no enfocándonos en nosotros mismos.

Daniela llega a su punto de quiebre cuando se da cuenta que la conversación recurrente entre sus padres y su esposo ahora se centra sospechosamente sobre el tema de ¿Los hijos para cuándo? Ella no quiere tener hijos aún, mas no quiere defraudar los deseos de las personas que la rodean. Así que está atrapada entre hacer lo que quiere o hacer lo que se espera de ella, de nuevo.

Nuestro proceso se centra en recobrar el poder de tomar decisiones por ella, sobre el cual hace mucho no tiene el control. A estas alturas usted podría pensar –Que bobada, pues diga que no- a lo cual yo le digo que no es tan simple:

Nuestro cerebro es una maquina muy poderosa la cual está hecha para pensar y para ejecutar, sin embargo, solo es tan buena como los conocimientos, comportamientos y el material con el que lo alimentemos.

Es decir, a estas alturas su cerebro no es más que el compendio de comportamientos aprendidos mucho antes de que usted tuviera consciencia sobre lo que estaba haciendo. Usted hoy en día hace muchas cosas porque así se las presentaron cuando usted no tenía la capacidad de ver que había otras formas de hacer lo mismo.

Y como el cerebro requiere menos energía para ejecutar que para pensar, ¿Adivine qué prefiere hacer? ¡Exacto! Por eso es más fácil quedarnos en lo conocido que en aprender nuevas formas de hacer y ser.

Durante toda su vida Daniela ha aceptado las decisiones de otros impuestas sobre ella, así que, tomar otro tipo de decisiones es algo que su propio cerebro rechaza, aun cuando sea lo mejor para ella. En este caso es importante dar un inicio con pasos de bebe, ya que la resistencia que su cerebro va mostrar es alta y si siente que lo están sacando de su zona de confort va a buscar sabotear todo el proceso.

Lo que no se puede ver no se puede cambiar

Lo primero que hicimos fue lograr que ella saliera de su piloto automático, que se hiciera consciente de los momentos en los que renunciaba a su poder por complacer a otros o evitar conflictos. Este ejercicio duro aproximadamente una semana.

Durante nuestra sesión, ella, con cara de sorprendida, expresó que no solo era con su familia, sino que prácticamente decía que si a todas las personas que la rodean, incluso cuando sabe que su respuesta no va a crear conflictos.

A estas alturas su condicionamiento a las peticiones de otros es tan fuerte que se ha convertido en su respuesta automática.

Lo que se permite, se repite.

¿Qué implica para ti decir si a estas personas cuando en realidad quieres decir no? Pregunte. Luego de un tiempo ella respondió que lo que más le molestaba era tener que hacerse cargo de cosas que no le correspondían ya que eso ponía una carga de estrés que no es de ella.

Nosotros actuamos hoy por los comportamientos de ayer, así que es más fácil que repitas los errores de ayer a que te aventures a tratar algo desconocido, lo mismo pasa al contrario si algo te funciono, es más fácil que lo repitas de nuevo. Las personas que rodean a Daniela saben, por evidencia pasada, que ella es la chica del “si” por eso ahora le piden más.

Las pequeñas victorias te fortalecen.

En mis procesos de coaching creces por medio del reto, más los retos deben ser lo suficientemente grandes para retarte y hacerte crecer mas no tan grandes como para sacudir todo tu mundo y terminar con él.

Así que lo que hicimos fue lo siguiente, le pedí que hiciera una lista de las personas a las que dijo que si cuando quería y podía decir que no en la semana anterior categorizando a estas personas desde muy relevante para mi vida hasta no relevante para mi vida. La lista consistía de 13 personas encabezada por su padre y hasta el fondo el guarda de seguridad de la empresa.

El reto era el siguiente: Decir no a las peticiones de estas personas cuando quisiera hacerlo y pudiera (teniendo en cuenta que ella adquirió responsabilidades como trabajadora con las que debe cumplir) durante la siguiente semana.

Prepárate para fallar

En la siguiente sesión Daniela expresó la dificultad con la que dijo no en la mayoría de los casos. ¿Qué te hizo sentir? Pregunte. Culpa, arrepentimiento, estrés, libre, fuerte fueron sus palabras.

Me costó trabajo mantenerme en mis decisiones, en tres ocasiones busque a la persona de nuevo y me ofrecí a hacer lo que me había pedido, luego me volví a sentir mal. Me contó Daniela.

Está bien fallar, muchos vemos el falló como un obstáculo en el camino, el coaching te ayuda a ver el falló como una oportunidad de aprendizaje única. Muchos de nosotros nunca intentamos algo nuevo solo por el miedo a fallar, lo cual para mí como coach es tan inevitable como parpadear.

-¿Qué aprendiste de la experiencia? Pregunté.

-Que las personas me van a seguir tratando aun si digo que no, una parte de mi pensaba que si decía que no se iban a resentir o se portaría horribles conmigo. Está bien decir que no. Pero no es fácil (risa nerviosa).

Es hora de crear la rutina

Para Daniela fue importante crear un marco de referencia sobre el cual pudiera decidir que hacer frente a las peticiones de otras personas. Este cuadro estaba encabezado por las preguntas ¿Qué se siente bien? ¿Qué es lo correcto? ¿Qué quiero hacer? Estas tres preguntas se convirtieron en su mantra para tomar decisiones. Ahora hacen parte de sus notas en el computador, su protector de pantalla del teléfono y las notas al volante de su auto.

Muchos de nosotros le huimos a la rutina como si fuera algo malo, sin embargo, es la rutina lo que hace que los nuevos comportamientos se hagan parte de nosotros hasta el punto de no tener que pensar para actuar. La rutina de tus comportamientos actuales forma tu piloto automático de hoy.

Si sientes miedo hazlo con miedo

Nuestro proceso ya culmino, esporádicamente me comunico con Daniela quien me expresa que el temor de hacer lo que siente es correcto aún está presente, mas ahora ella sabe que se puede vivir con las personas que te rodean sin tener que complacerlas en todo momento.

En cuanto al asunto del hijo, ella hablo con su esposo y familia para expresar lo que sentía y con dificultad fue escuchada,-Fue una de las conversaciones más duras que he tenido– Dijo.

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Importante: Las identidades de las personas, los escenarios y hechos fueron modificados para proteger la identidad de las protagonistas.

 

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